No hay nada que admire más en el mundo de la música que los que se desprenden de aquello que les hizo grandes rompiendo con la fama y evolucionando mientras se dedican a lo que les gusta.
Con The Empyrean, Frusciante demostró que podía hacer algo más que cuatro acordes distorsionados con un solo de guitarra invertido y falsete de yonqui. Y una vez nos ha dejado claro su potencial, puede hacer lo que quiera.
